La eutanasia y su constitucionalidad

MARCELO DIEZ: ESPERANDO EN LA RUTA (22) AÑOS DE MUERTE

Marcelo Diez era un joven de 29 años que manejaba su moto por la ruta 22 en Neuquén en octubre de 1994.
Chocó contra un Renault 12 y sufrió gravísimos daños.
Su situación vital se estabilizó, que es lo peor que te puede pasar en esos casos, Marcelo vive y vivirá muchos años, pero en una inconsciencia casi total, que solamente parece denotar molestia cuando le cambian el rock nacional de los ’80 por la cumbia en su cuarto de hospital.
En julio de 2015 sigue allí, esperando que quienes deben decidir por él hagan algo.
Sus hermanas, responsables judicialmente designadas, piden que sea desconectado de los mecanismos artificiales que lo atan a la vida (alimentándolo e hidratándolo).
El tribunal de primera instancia, y la cámara de apelaciones, rechazan el pedido de desconexión.
El gran defensor de mantener esta ‘vida’ de Marcelo es el obispo de Neuquén, quien propone a la familia sostenerlo así, conectado, vegetal, en un centro de cuidados paliativos vinculado a la Iglesia Católica. Ello, contrariando la Doctrina Social de la Iglesia plasmada en las encíclicas papales, en especial en ‘Evangelium Vitae’ de Juan Pablo II, que al pie transcribimos.
En el camino, se dictó la ley nacional 26742 de muerte digna como derecho del paciente, y hemos podido hablar más seria y libremente sobre muerte digna y eutanasia.
Pasaron 21 años, llegando a los 22, como la ruta donde terminó una historia, el caso llega a la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, la que confirma el derecho de las representantes legales a decidir la desconexión y, como lo hizo en FAL, advierte a los médicos que no judicialicen este tipo de pedidos que son tan claros y donde es suficiente la voluntad expresada por los interesados o sus representantes.
Aquel pibito de 29 años hoy cumplió ya 50 años. 22 años pasaron, 22 ‘el loco’, como esta justicia, que hoy, viene llegando hasta Marcelo.
La Corte pide algunos informes médicos para ilustrar la cuestión científica, de ellos surge que el estado vegetativo es irreversible. Van a votar Lorenzetti, Highton y Maqueda.
Luego, centra su decisión en algunas ideas que brevemente enunciamos: los cambios en la legislación (26529, 26742, nuevo código civil) son sostenidos, y en su debate legislativo se advierte una seria decisión legislativa, basada en el consenso social, de habilitar la decisión del paciente sobre su propia vida; sigue impedida la eutanasia (como impulso hacia la muerte) pero no ya la desconexión que no implica impulso sino suspensión de la retención vital; que las decisiones fundamentales del ser humano (vida, plan de vida) deben ser adoptadas por el individuo sin interferencias ni del Estado ni de los demás individuos, lo que llamamos ‘derecho a quedarse solo’.
Finalmente la Corte (como hizo en FAL) exhorta a los médicos para que dejen de judicializar estos casos, y directamente los resuelvan con los pacientes y sus familias en el ámbito médico, asegurando mediante protocolos el control de la voluntad del paciente o sus representantes, y garantizando la asepsia de los médicos objetores de conciencia. Recalca la importancia de un pronunciamiento urgente en estos casos, aunque la misma Corte no mira la viga en el plazo propio, ya que para decidir se tomó más de un año y medio…
No quiero evadir el tema de la representación del paciente: la Corte entiende que las hermanas, curadoras (representantes) judicialmente designadas, no pueden decidir por sí mismas, ajenas a la voluntad del paciente. Les permite decidir porque considera veraces sus declaraciones sobre que esa era la voluntad de su hermano, una suerte de ‘reconstrucción de la voluntad’ o ‘interpretación histórica’. A mí no me simpatiza la idea, creo suficiente hacer funcionar el principio general de representación del incapaz.
Algo de todo esto (lo bueno y lo malo) estaba flotando en la primera sentencia de la CSJN sobre el tema (Albarracini Nieves) donde analizó el derecho a negarse a transfusiones de sangre por motivos religiosos.
Como viene haciendo siempre la Corte que fue de 7 y hoy es de 4, los comunicados de su CIJ dejan mucho que desear, pero intencionalmente: se intenta convencer a la parte más conservadora de la sociedad que el precedente no es tan importante, que es un solo caso, que no se permitió la eutanasia, etc. Es parte de la muñeca política de la presidencia…
Tampoco me simpatiza que la CSJN haga tanto hincapié en que no está habilitando la eutanasia: yo creo que la eutanasia es un derecho constitucional inalienable, basado en el mismo principio de la selección individual del plan de vida. La Corte desliza que actualmente la eutanasia está prohibida por la ley (no por la Constitución). Confío en que este fallo DIEZ es un primer paso en ese sano camino. Pero a la Corte le gana su afán por no asustar a las viejitas…
Así la Corte completa un tríptico simbólico de la libertad modelo Siglo XXI. Inconstitucionalidad de la punición al consumo de drogas (ARRIOLA). Aborto Voluntario con la sola voluntad de la mujer (FAL). Y aquí Derecho a la autodeterminación vital del paciente. Así, en el umbral de la feria de invierno, la Corte Argentina se saca un DIEZ en dignidad.
Y los restos de nuestro querido Fayt, aquel antiguo ministro progresista que inició este camino, podrán finalmente descansar en paz.
Post scriptum: pocas horas después de conocido el fallo, en la tarde del mismo 7 de julio de 2015, falleció Marcelo Diez. No se lo había desconectado aún. En los misterios insondables con los que Dios entretiene a los hombres se esconde la razón por la cual Marcelo esperó hasta que se dicte una sentencia que seguramente cambiará la historia constitucional argentina. Y luego nos dejó, con la justicia en la mano…
Como si nos dijese “vieron, lo bueno es elegir cuándo morir…”
Buen viaje amigo !